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El afilaor


Fotografía: Afilador apostado en el puente romano, la histórica puerta de entrada a Écija desde Córdoba. Compartida por Asociacion Cultural Casino Artesanos de Ecija.

Son las 10 de una mañana de mayo. Ventanas abiertas. Me retuerzo por la cama como un ofidio aún somnoliento, deleitándome con el airecillo de primavera que se filtra entre las sábanas. Afuera, en la calle, mi madre habla con algunas vecinas. Es la hora de los paseantes. Ancianos, gente de compras, fumadores de las aceras. Acaba de pasar ese viejo achatado que siempre esputa como un cerdo tras el ritual.

El ritual es como llamamos en casa a esos segundos de trance que pasa el achatado regurgitando mucosidades antes de lanzarlas vilmente a las puertas de un vecino.

Sobre las 10.30 aparece, lentamente con su runrún de siglos y bajando desde la Calle Nueva (seguirá siendo la calle nueva por muchas velas que sople) dirección Puerta Osuna, un personaje arcaico, hilo que pende entre el mundo de nuestros abuelos y este otro mundo nuevo y apresurado. Ya hace años que dejó la bicicleta y se encaramó a una moto, pero el afilador sigue tocando la armónica. De izquierda a derecha, primero, de derecha a izquierda después. “Eeel aafiiilaaaaooor” canta con mesura tras el prólogo instrumental.

Como un muelle, salto de la cama y voy hacia la ventana. Es la historia que pasa por mi puerta. El afilaor sale de casa temprano, armónica en mano, con su torno y con su moto, que antes fue una bicicleta, y recorre lentamente los barrios viejos del pueblo. Yo siempre salí a su encuentro, a esperarlo en la ventana, y sigo haciéndolo ahora. Pero hace años que las atalayas de los demás niños, o ya exniños como yo, están vacías. Tampoco lo llaman desde la calle. El afilaor para poco. Creo que, desde que me fui de mi barrio, y hace más de una década, nunca le vi amolar nada. Pero él sigue pasando. Como los años, invariables, impasibles. Sabedor de que los filos se acabarán achatando. Que las navajas se volverán romas.


El afilaor no lucha contra la modernidad. Resiste en verdad al tiempo. Estoico, como el pastor en la lluvia. Esperando, como si una voz profunda, alejada de la superficialidad de ahora, le hubiera pedido en susurros: “recuérdale a algunos lo que era el mundo”.

Fotografía: Afilador apostado en el puente romano, la histórica puerta de entrada a Écija desde Córdoba. Compartida por Asociacion Cultural Casino Artesanos de Ecija.

Por Miguel Ángel Laguna.

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