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El alquiler en Écija, casi un imposible

Encontrar una vivienda económicamente accesible en Andalucía es cada día más difícil. La turistificación de las zonas costeras ha convertido el litoral andaluz en la pensión barata de Europa. Una negligente gestión institucional, la ausencia de un tejido económico alternativo y la concentración de la riqueza son algunos de los factores que han hecho posible el desmedido crecimiento de un monstruo bicéfalo: el turismo de lujo, que aterriza en nuestra tierra con las manos llenas de miseria y los bolsillos repletos de oro, para orientar la realidad local hacia la obtención de grandes beneficios; y el turismo Low Cost, de bajo coste, que desarrolla un circuito paralelo al anterior, pero contribuye tanto o más a la gentrificación, la precarización de un sector servicios que emplea ya a 3 de cada 4 andaluces, y al expolio y la destrucción de los recursos naturales de la comunidad.

No es mejor la suerte de los núcleos urbanos del interior, porfiando entre la desaparición de los pueblos pequeños, desindustrializados y vacíos tras un nuevo proceso de éxodo rural, y la vertiginosa masificación de las “ciudades dormitorio” adheridas a las grandes capitales de provincia que, al igual que los pequeños pueblos, también pierden población.

Écija no queda al margen de estas complejas dinámicas sociodemográficas. Aunque su población está desde hace años en retroceso, apenas superando los 40.000 habitantes, encontrar vivienda de alquiler se hace cada día más difícil. El miedo a la adquisición de inmuebles y la precariedad económica lastran las ventas y hacen del alquiler opción preferente. Tanto que la demanda supera con creces la oferta.

Para Manuel Delgado, responsable de Alfis Inmobiliaria, “en Écija hay una sobredemanda anómala, porque no es una localidad donde haya industria que necesite de mano de obra externa, que necesite vivienda temporal, y tampoco ha habido ninguna actividad extraordinaria como fue la instalación del Gas Natural o la construcción de plantas solares, obras civiles que puntualmente provocaron un repunte. Según mi criterio, ese incremento en la demanda de vivienda de alquiler obedece a un cambio de mentalidad, de hábito. Hemos pasado de querer ser propietarios a no querer serlo”.

Pero no hay alquiler para todos. “Los bancos tienen en sus manos propiedades que han podido ser cedidas o vendidas a fondos de inversión, pero que siguen estando gestionadas por los bancos, y cuyo destino sigue siendo la venta. La baja oferta se debe a la falta de inversores que actúen en el mercado de compra de vivienda para destinarla al alquiler. No se ha renovado o ampliado la oferta porque, aunque parece que la crisis ya quedó atrás, estamos estacionados a la salida, no hemos dado el paso siguiente: que la gente invierta, o que la gente compre vivienda para el futuro y la alquile durante unos años. Eso, hoy en día, no existe. El parque de viviendas en alquiler que hay es el mismo que había, no ha crecido, ni por parte de particulares, ni por parte de grupos inversores”. Tampoco lo ha fomentado una Administración Pública que, con el inicio de la recesión económica, dejó de recibir crédito de las entidades bancarias y paralizó la construcción de vivienda protegida.


La baja oferta se debe a la falta de inversores que actúen en el mercado de compra de vivienda para destinarla al alquiler

Actualmente, España tiene solo una décima parte de la vivienda pública que los países de la Unión Europea (1`5% frente a la media comunitaria del 15%). Así, las expectativas de encontrar algo disponible y al alcance del bolsillo se difuminan. Si hacemos una visita a los negocios inmobiliarios de la localidad, encontraremos una respuesta común: “Nada. De alquiler, en Écija, nada”. Delgado afirma categórico: “Nosotros llevamos dos meses sin ninguna vivienda que ofertar”. Si andas con la mirada puesta en los balcones, buscando carteles con un Se Alquila, a buen seguro acabarás desesperando. Si realizas la búsqueda “Piso Écija” en la sección Alquiler de la plataforma Milanuncios.com, los 50 primeros resultados (de un total de 70) pertenecen a un tal Fidel Morales. La llamada no será muy productiva. Los cincuenta pisos supuestamente disponibles son en realidad muchos menos y están ya alquilados. Morales se encarga de actualizar periódicamente los anuncios para simular disponibilidad y ocupar siempre las mejores posiciones de la página. Él mismo se encarga de recoger los datos de los solicitantes y de llamarlos si resultan elegidos.

Toda una lotería. “Nos han llegado muchos clientes quejándose precisamente de que han visto la oferta en portales, se han puesto en contacto, y después la vivienda no existe. Es imposible, además, que uno solo acapare todo el mercado. Si ninguna inmobiliaria tiene nada, ¿cómo es posible que tengas toda la oferta? Si no la tienes, obviamente es una mentira, estás haciéndote publicidad en estos portales ofreciendo algo que después no tienes”, apostilla Delgado.

Otros propietarios prefieren no figurar siquiera en webs de anuncios. No lo necesitan. Los dos grandes bloques de pisos situados entre la Avda. Ntra. Sra. del Valle y la calle Juan XXIII, en El Valle, están en manos de dos gestores. Para tratar de alquilarlos, el candidato debe acercarse hasta un pequeño local anexo al bar La Última Copa, y allí presentarse. Dos señores diferentes, en horario fijo de martes y jueves, les solicitarán, desde un pupitre escolar desvencijado, copia de una nómina con unos ingresos que consideren suficientes para hacer frente al alquiler. Le preguntarán por su trabajo, si tiene o no compañía, y cuánto pretende que dure la estancia. Si le consideran con el perfil apropiado, entrará en una lista de candidatos en espera.

La mayoría de los pisos en alquiler ubicados en la zona de la Plaza de Toros están en cartera de la empresa Explotación Pavón Ostos e Hijos S.L, y otro propietario que atiende a los aspirantes en un local cercano. En el Bulevar, para alquilar un piso hay que dirigirse al bar Cristóbal y preguntar por el responsable de las viviendas, que suele parar allí. Siguiendo el mismo procedimiento, esta persona le hará la pequeña entrevista, nómina incluida, y pasará a formar parte (o no) del numeroso grupo que ansía un hogar a su alcance.

Encontrar un piso de alquiler a precio asequible es una aventura triste, casi un imposible en un país que, paradójicamente, tiene más de 3 millones de viviendas vacías en manos de la banca privada, los grupos de inversión de capital y la SAREB, la sociedad de liquidación de préstamos e inmuebles provenientes de entidades rescatadas con dinero público, conocido como “banco malo”. Solo en Andalucía, dónde se producen 25 desahucios al día, existen más de 600.000 viviendas (o “activos tóxicos” en neolengua) vacías que podrían ser destinadas a alquiler social.

No es casualidad. Es el fruto de un modelo insostenible de construcción y adquisición de propiedad privada que necesitamos cuestionar. La iniciativa ciudadana europea Vivienda para Todos (Housing for All), a la que se ha adscrito recientemente la Plataforma de Afectados por la Hipoteca – PAH, señala tres prioridades por las que luchar: crear un parque de vivienda social y asequible, de alquiler o cesión de uso; asegurar localmente alquileres estables y seguros en base al poder adquisitivo; y, por último, priorizar la vivienda pública de alquiler, y colaborar y financiar entidades sociales, cooperativas de vivienda y otros operadores sin ánimo de lucro.

Por Miguel Ángel Laguna.

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