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Viaje a Nueva Icaria (I)

Día 1 de viaje. 23 de agosto.

Me llamo Pablo y este es el primer día de viaje. Me acompañan Esther, Paloma y Alberto. Es nuestro primer viaje solos. Recientemente he cumplido 18 años y Alberto acaba de sacarse el carnet. Yo voy en el asiento de atrás escribiendo. Circulamos por la autovía A4. Seguiré escribiendo más tarde, algo ha ocurrido…

Obra de Juan Manuel Luna (Zambra-Baladre, 2013).

Algo muy raro ha pasado. Dejé de escribir porque una niebla muy densa cubrió nuestro coche. Alberto tuvo que parar porque no veía nada y todas nos asustamos mucho. No sabíamos qué hacer. Paloma dijo que era peligroso quedarnos paradas en la niebla, porque podía venir algún coche, y al no poder vernos, chocar contra nosotras. Alberto arrancó de nuevo, y avanzó despacio. Sin embargo, de repente sentimos un fuerte golpe. La niebla nos impedía ver, así que supusimos que habíamos chocado con otro vehículo. En ese instante la niebla comenzó a despejarse. Nos extrañamos porque no veíamos contra qué habíamos colisionado. Alberto decidió bajarse para ver. Se colocó el chaleco reflectante, y bajó del coche. Cuando vio lo que era, gritó de sorpresa y nos dijo que fuéramos a ver.

Las tres bajamos apresuradamente, llenas de curiosidad. Al llegar al lugar, vi un extraño artefacto con forma hexagonal y de color metálico, con una pantalla roja en el centro con una fecha parpadeando. La fecha era 23-08-2066, y debajo había un botón verde.

Todas quedamos extrañadas. Esther se acercó para tocarlo pero Alberto se lo impidió de un manotazo; ninguna sabíamos qué podía ser. Entonces, decidí presionar el botón verde. En el momento en que lo hice, noté como si me desmayara y entrara en un profundo y reconfortante sueño. No se cuánto tiempo dormí, sólo sé que al despertar ya no había nadie.

No estaba Alberto, ni Esther, ni Paloma, ni el coche, ni nada. Todo parecía un poco distinto. La carretera estaba igual, pero el campo no lo recordaba con tantos cultivos. Decidí esperar allí por si pasaba alguien que me pudiera acercar al pueblo. Estuve esperando más de una hora. Mi móvil no funcionaba. Al ver que no pasaba nadie decidí volver a pie al pueblo.

Recordaba que no nos habíamos alejado mucho, pero sin embargo parece que nos alejamos más de lo que creía. Lo más extraño es que, en todo ese rato, no vi ningún vehículo transitar. No conseguí llegar al pueblo antes de que empezara a oscurecer, así que resolví buscar algún refugio para pasar la noche. Por suerte, no muy lejos de la carretera, entre los cultivos, junto a un camino de tierra, divisé una especie de almacén. Me acerqué para ver si había personas que pudieran ayudarme, pero no había nadie; así que decidí pasar la noche allí.

Me acerqué a la puerta, y me llevé una grata sorpresa ya que estaba abierta y no tuve problemas para entrar. En el interior del almacén, había multitud de productos agrícolas; trigo, aceite, patatas, etc. Todo muy bien ordenado. Me encantó ver la montaña de trigo y no pude evitar enterrar la mano en él y notar la sensación del grano rodeándola. Me acosté ahí mismo, y resultó ser una cama muy confortable.

En el silencio de la noche, y antes de dormirme, no pude evitar pensar en qué le habría pasado a mis amigas.

Juan Manuel Luna.

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