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Viaje a Nueva Icaria (III)

Día 3 de viaje, 25 de agosto.

Abrí los ojos y, en un principio, no sabía dónde estaba. Transcurridos unos segundos, me di cuenta de que me encontraba en una habitación de la casa de reposo, en una cama muy cómoda. Por la ventana penetraban los primeros rayos de sol de la mañana y un embriagador olor a jazmín. Desde mi posición se podían ver los hermosos jardines. Mientras reparaba en esos detalles llegó el doctor:

Hola, muy buenos días. —Saludó.

-¿Cómo te encuentras hoy?

Descansado, he dormido muy bien en esta cama.

Me alegro de que hayas descansado bien. Tengo que hablar contigo.– Me dijo el doctor con una expresión de seriedad. —¿te importa sentarte un momento?

Por supuesto que no. —Respondí.

Ayer cuando llegaste negabas que estuviéramos en 2066. —Explicó el doctor. ¿Sigues pensando eso hoy?

Bueno ya no sé que pensar, pero por lo menos antes de ayer era 2012. —Contesté.

¿Estás seguro? Si, claro. Yo no estoy loco. —Respondí tajantemente.

-Vale, no te preocupes. Todo tiene una explicación. —Dijo el doctor de manera conciliadora. ¿Qué es lo último que recuerdas de 2012? —Me preguntó.

Pues… íbamos en el coche con mis amigos. Chocamos con un aparato metálico, de forma hexagonal. Tenía una pantalla en la que se leía el número 2066. Apreté un botón de la máquina y todo lo que conocía hasta el momento, desapareció. —Contesté.

Pues esa es la explicación de que estés en este año.

Un momento… ¿esa máquina era una especie de máquina del futuro?

No, esa maquina lo único que hace es hibernar tu cuerpo. Paralizarlo para luego volver a reanudarlo en la fecha marcada.

-Y esa máquina, ¿cómo llego a 2012?

-No hemos conseguido enviar personas ni al pasado ni al futuro porque conlleva muchas paradojas, pero sí hemos logrado enviar objetos al pasado con gran éxito. Así que mandamos máquinas hibernadoras para que personas del pasado, como tú, lleguen hasta nuestra época.

-Y, ¿por qué me habéis hecho esto? Ahora he perdido mi familia, mis amigos, todo lo que me importaba.

-No te preocupes, si superas el proceso de adaptación enviaremos maquinas hibernadoras para el resto de tu familia.

-¿Con qué fin hacéis esto?

-Con el fin de darte la oportunidad de vivir en esta época.

Pero yo era feliz en mi época.

Ten paciencia. Si te das la oportunidad de conocer cómo vivimos, también lo serás en esta. Ahora, puedes ir a la casa de visitantes, donde damos alojamiento a las personas nuevas en la ciudad o que están de paso. En el jardín te espera Sofía, la chica que te trajo a la casa de reposo. Ella será tu guía y te acompañará en el proceso de adaptación.

Salí al jardín y allí estaba Sofía. Me acerqué a ella y me presenté, pues antes no había tenido la oportunidad de hacerlo, y empezamos a caminar hacia la casa de visitantes. Era todo un palacio. Entramos al patio interior y justo en frente había unas escaleras que conducían a la siguiente planta, seguidas de un enorme pasillo lleno de puertas. Fuimos hasta la número 207 y Sofía abrió la puerta.

Adelante. —Dijo.

¡Qué estupenda habitación! ¿Pero tendré que pagar algo por dormir aquí?

¿Cómo? —Preguntó Sofía extrañada.

-¿Tendré que pagar algo por el alojamiento?

¡Ah! Por supuesto que no.

¡Eso es imposible! —Exclamé incrédulo.

Claro que no, aquí la comunidad te facilita un lugar donde vivir. Es una necesidad básica y un derecho fundamental.

En mi época había que hipotecarse para tener un hogar, y pagar enormes cantidades de dinero.

Eso ya lo hemos superado. Ahora las viviendas están en manos de la comunidad y las asigna a todo aquel que las solicite. Las necesidades importantes no pueden estar en manos de la especulación, como pasaba antiguamente.

Entonces, ¿las casas no son de nadie?

Son nuestras mientras las usamos. Cuando ya no las necesitamos vuelven de nuevo a la comunidad, para que se pueda reasignar a otro paisano que la necesite.

-¿Me estás diciendo que nadie tiene una casa en propiedad privada?

Claro que no, aquí la propiedad privada es muy limitada. Si las casas pudieran ser una propiedad privada, habría personas que acumularían casas mientras que otras no tendrían. Eso es una enorme injusticia, y con nuestro sistema, esta injusticia queda solucionada.

¡Increíble! La verdad es que me parece genial este sistema. —Dije maravillado. Oye cuéntame más cosas de este mundo.

Nos sentamos en la cama y estuvimos hablando durante mucho tiempo. Sofía me contó infinidad de cosas que habían pasado en estos 54 años en los que había estado hibernado. Me dijo que hubo un período de gran caos y oscuridad, que se había extendido desde 2012 hasta 2050. Que fue necesario para que se produjera la evolución hacía un nuevo sistema humano más sostenible, sustentable y emancipador.

Obra de Juan Manuel Luna (Zambra-Baladre, 2013).

En ese periodo oscuro se produjo la eliminación del sistema del bienestar, la pérdida total de derechos sociales y laborales y, con ello, la privatización de todos los espacios comunitarios, provocando una enorme indefensión de las ciudadanas frente a los intereses de los grandes capitalistas. A la crisis económica y social, siguió una profunda crisis energética y ecológica. Dejó de haber suficiente petróleo y carbón para seguir sosteniendo el modelo productivo industrial capitalista, y eso provocó un derrumbe del sistema en su totalidad, pasándose de una producción de la abundancia a una producción de la escasez. La era de la información (internet, televisión, telefonía móvil) llegó a su fin, pues no había energía para sustentarla. De un capitalismo global, se pasó a múltiples capitalismos regionales, debido a la dificultad del transporte de mercancías. Además se produjeron constantes conflictos bélicos entre los distintos capitalismos regionales por el control de los escasos recursos energéticos y medioambientales.

Todo esto produjo un enorme descenso demográfico y un éxodo desde las grandes ciudades a las zonas rurales. Una vez se confirmó el final del capitalismo globalizado e industrial, las personas empezaron a relacionarse, debido a las difíciles circunstancias, en hogares dentro de una nueva escala más humana, movidos por valores de solidaridad y apoyo mutuo. De esta manera, desde lo local y desde abajo, fueron construyendo el mundo que vemos hoy. Tras esa larga charla Sofía se marchó. Tras ella, me fui a la cama a descansar.

Juan Manuel Luna.

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