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Europa, ariete del totalitarismo

Hace unos días se producía una movilización masiva de solicitantes de asilo en dirección a Grecia, fruto del anuncio del primer ministro turco, Erdogan, de no vigilar la frontera occidental.

Mientras el régimen sirio intensificaba sus acometidas contra posiciones de Turquía en Idlib, se producía la apertura de la frontera turca y la consecuente ruptura del pacto con la Unión Europea firmado en 2016.

Desde entonces, las autoridades helenas han intentado contener con el apoyo formal de la Unión Europea las llegadas marítimas y terrestres por la fuerza. Las miles de personas que fueron nuevamente desplazadas recibieron como respuesta gas pimienta, bombas de sonido, disparos y peligrosas maniobras de expulsión en el agua.

Las puertas cerradas provocan la rabia de los migrantes que duermen a la intemperie en los pasos fronterizos. Sin servicios, sin comida y sin agua. Y también provocan la rabia de aquellos que subsisten en los centros de detención de las islas del Egeo, donde se han producido numerosos altercados entre reconocidos colectivos fascistas, la fatigada población local y los migrantes y voluntarios de diversas oenegés. Mientras tanto, en la frontera terrestre del norte de Grecia, muchas personas tratan de cruzar por el río Evros que separa ambos países. Si consiguen cruzar, Grecia los devuelve “en caliente”; si tratan de volver a Turquía, la policía turca los retiene en la frontera evitando su regreso.

Tanto en las islas como en territorio continental, miles de personas inocentes permanecen retenidas o encarceladas, totalmente privadas de sus derechos. Al menos dos personas han muerto víctimas de los disparos de la policía fronteriza griega; y un niño ha muerto ahogado después de que estas mismas autoridades volcaran la barcaza en la que viajaba. Por otra parte, los ataques fascistas dirigidos a población migrante, periodistas y voluntarios, han destrozado – contando con la pasividad institucional- un centro de recepción de ACNUR y la sede de la asociación One Happy Family, ambos en Lesvos. Tristemente para los miembros de este colectivo, también ha sido quemado el almacén de Chios donde trabajamos en 2018, proveyendo de ropa y productos básicos a más de 1.000 personas retenidas en la isla.

Como aplaude la Unión Europea en su trifulca con la vecina Turquía, Grecia vuelve a ser el “escudo de Europa”. Se han cerrado squats -o edificios autogestionados- para migrantes; se ha perseguido judicialmente a voluntarios internacionales; se ha suprimido el derecho marítimo internacional; se ha cancelado el derecho de asilo y, definitivamente, se ha legitimado el fascismo más oscuro. Más que un escudo que nos proteja de algún mal externo, Grecia y Europa actúan como ariete del totalitarismo.

Comunicado del colectivo de trabajo humanitario Cambiemos el Juego.

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