Saltar al contenido

Un documental, Green New Deal y ausencia de futuro

El pasado día 22 de abril se celebró el “Día de la Tierra”, aunque a muchas personas les pasaría inadvertido, debido evidentemente a las restricciones de salir de casa en nuestro país. La verdad, a más de una persona todo esto de celebrar días, cada vez más, les parecerá algo similar a un santoral, cuyo grueso del calendario se va rellenando de más y más días, propósitos e hitos para nosotros, seres humanos de la era cibernética. El caso es que Michael Moore, el director de películas controvertidas, generalmente críticas con el sistema capitalista y gobierno estadounidense, estrenó su nuevo film, supongo que con intención de proporcionar a las redes algo más que videos de personas con sed de algún minuto de gloria, hablando de lo maravillosa que es la Tierra, y deseando ensueños místicos, rezos a alguna manifestación divina panteísta, o adorando a lo natural cual polo bondadoso de un maniqueísmo situado en algún inicio de los tiempos.

Su documental, se titula “El planeta de los humanos”, puede encontrarse en YouTube, y como su nombre nos da a entender, se trata de un documental más que, de una u otra forma, explora lo que conocemos como cambio climático, la destrucción de ecosistemas y el agotamiento de los recursos naturales o bio-espaciales. Y todos nos preguntamos ¿otro documental más sobre el daño que los seres humanos causamos a la Tierra? Pues sí, pero esta vez aportando algo novedoso: intenta desligarse del movimiento a favor de energías renovables. Las quejas no se han tomado su tiempo, en escasas horas numerosos frentes han atacado el documental. Por una parte, ciertos científicos, quejándose de un bajo rigor respecto a los hechos, al no tener en cuenta, el documental, nuevos materiales y formas de potenciar las llamadas energías renovables. Por otra parte, grupos de políticos y empresarios, porque evidentemente, en el documental se ofrece cierta visión, que podríamos denominar negligente, de que las energías renovables sólo suponen un negocio más, que han supuesto el control de ciertos lobbys sobre gobiernos, e implantación de medidas que han resultado inútiles para remediar la crisis climática en la que nos encontramos.

Cartel del documental Planet of the Humans, de Michael Moore.

Se intentará llevar la cuestión de la crisis climática, de una cuestión acerca de la aplicación de otros sistemas económicos ajenos al capitalismo que la ha producido, a la cuestión sobre como transformar dicho sistema económico capitalista, para que no resulte perjudicial para la vida en nuestro planeta

David Ruiz Rosa

El Green New Deal ha conseguido que el documental sea retirado por su misma distribuidora, con una eficacia inversamente proporcional a la escasa eficacia que ha tenido en evitar la crisis climática; sin duda, la ideología impregna cada mínimo atisbo de transformación de nuestra realidad humana, en cuanto sociedad, más aún si hay millones de dólares de por medio. Y el ecologismo no iba a estar exento de una profunda cuestión sobre una teoría crítica acerca de las ideologías. La ideología ecologista resulta bastante compleja, y abarca un crisol de diversas perspectivas, desde los ambientalistas, pasando por los decrecentistas, hasta posturas ecoanarquistas. Sin embargo, podemos tomar, de forma algo reducida, la dialéctica esencial entre naturaleza-humanos como premisa esencial para comprender este tipo de ideología.

Por una parte, tendríamos la Naturaleza, como una entidad, que a propósito de una Teo-política, sería algo así como una divinidad, un espacio a preservar de los incesantes ataques de los seres que la habitan, y la constituyen en cierto sentido, y que a través de su desarrollo tecnológico la ponen en riesgo: los humanos. A modo de maniqueísmo, se encarnaría en esa especie de conflicto eterno entre el Bien y el Mal, que tanto saturan el sentido de la ideología, en general, inserto en una visión dialéctica presente en otro tipo de ideologías: izquierda-derecha, liberalismo-totalitarismo, democraciafascismo, crecimiento-decrecimiento, etc. Surgiría así un pensamiento político que ante dinámicas de crecimiento capitalista hostiles a la naturaleza del planeta en que vivimos, propondrá un crecimiento capitalista respetuoso con el planeta y su naturaleza. O, dicho de otro modo, se intentará llevar la cuestión de la crisis climática, de una cuestión acerca de la aplicación de otros sistemas económicos ajenos al capitalismo que la ha producido, a la cuestión sobre como transformar dicho sistema económico capitalista, para que no resulte perjudicial para la vida en nuestro planeta. Surge así el Green New Deal: un conjunto de propuestas institucionales reformistas del sistema capitalista, donde participan grandes empresas, con grandes ganancias, y numerosos gobiernos de las denominadas democracias liberales.

Volviendo al caso del documental y su retirada, tras las innumerables críticas, cabe reflexionar, primeramente, sobre la presión que ciertas prácticas ideológicas poseen en la opinión pública, más aún si gozan de tanta hegemonía, o posibilidad de controlar un gran espacio institucional, como es el caso del Green New Deal; por otra parte, y pese a la razón que puedan tener las críticas de sesgo científico acerca del contenido del documental, se hace inevitable cuestionar hasta qué punto, una crítica al sistema de crecimiento capitalista, sea o no “verde”, es necesaria. Partamos del siguiente supuesto: efectivamente, las energías renovables han servido para disminuir las emisiones de CO2, la contaminación de la tierra y las aguas, y su desarrollo tecnológico hacen que cada vez supongan un menor gasto energético y sean menos contaminantes, haciéndolas más eficientes en cuanto a su papel de evitar todo desperdicio tóxico para la biología de nuestro planeta, y su consecuente daño. Sin embargo, el papel de los combustibles fósiles no ha cesado, y pese a leves disminuciones de la contaminación, la crisis climática es un factor en alza, que en muchos aspectos podría resultar inevitable, como estamos viendo en nuestra época.

Todo este desarrollo empresarial, a través de un sistema capitalista y su crecimiento, aún sigue necesitando, sin embargo, consumir innumerables recursos del planeta

David Ruiz Rosa

Según la Unión Europea, el Eurostat, pese a haberse conseguido que el uso de las energías renovables aumente en un 20% en el año 2020, la producción eléctrica sigue estando producida en un 50% por combustibles fósiles. Ahora bien, sigamos el supuesto, y planteemos una mayor eficiencia de las energías renovables, suponiendo una bajada en el uso de los combustibles fósiles. Es aquí donde grandes empresas energéticas deberán realizar sus transiciones; como RWA, empresa alemana, productora de energía nuclear, carbón, gas, y petróleo, que en su paso a las renovables aún genera ganancias de hasta 44 millones de euros al año. Encontramos otras, como Vestas, empresa danesa, que apuesta por la energía eólica. Y es que, al parecer, la energía eólica se lleva las mayores ganancias, con ejemplos como Siemens-Gamesa, empresa española-alemana, que genera ganancias de hasta 6.500 millones de euros al año. La japonesa J-Power, la canadiense Canadian Solar, o la estadounidense Firs Solar, serían otros ejemplos de estas transiciones hacia otro tipo de mercados, que se insertan en la ideología del Green New Deal: el capitalismo verde. Todo este desarrollo empresarial, a través de un sistema capitalista y su crecimiento, aún sigue necesitando, sin embargo, consumir innumerables recursos del planeta. Pese a reducir la contaminación y emisiones de CO2, la realización de grandes obras de ingeniería energéticas, aunque posean como fin el uso de energías renovables o su producción, siguen necesitando de incontables materiales extraídos de una u otra forma de los recursos del planeta, como son la pirita, sulfuros de titanio o de paladio, hidruro de magnesio o de aluminio, litio, etc. Además, no puede aislarse la cuestión de la contaminación, de otros factores que de igual forma suponen gasto energético, como son la agroindustria, la industria ganadera, la automoción y medios de transporte, etc.

¿Han contribuido, por tanto, las políticas implementadas en el mundo, por ejemplo, desde el Protocolo de Kyoto en 1997, en un impacto positivo en el planeta? La verdad, que el éxito ha sido escaso. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, en conjunto, apenas han reducido sus emisiones en un 5% desde 2005. Sin embargo ¿ha habido reducciones en nuestra época reciente? Si indagamos en la historia, podríamos, quizá, obtener algo de claridad. Observemos, por ejemplo, la desfragmentación de la Unión Soviética y de sus satélites de Europa del Este. En torno al tiempo del colapso del gobierno central de la Unión Soviética, en 1991, podemos encontrar un ejemplo de reducción de las emisiones de CO2 considerable. Si bien, en 1990, alcanza su punto más alto, a partir de este año, las emisiones representan una caída, situándolas en 1999, un 37% por debajo de las emisiones de 1990. De igual forma, en la recesión de 2008-2013, las emisiones de los países europeos, Estados Unidos, y Japón, también se encontraron en caída.

El Green New Deal, de la mano con el agricultor

Se hace obvia una relación entre el crecimiento productivo del sistema capitalista, y el nivel de emisiones o consumo energético. De tal forma que, pese a poseer sesgos, o no, el documental de Michael Moore, parece no ser tan descabellada su propuesta: que el nivel de crecimiento está íntimamente ligado con la crisis climática, y cualquier propuesta que invite a cambiar cierto aspecto productivo, sin eliminar la esencia capitalista del crecimiento ilimitado, no supondrá solución alguna a una posible destrucción de nuestros hábitats, y de los seres humanos como especie. Esta cuestión cobra más fuerza cuando observamos que en periodos de colapso político y económico, con disminuciones demográficas y poco crecimiento, disminuyen exponencialmente las emisiones de CO2, y en general una gran variedad de componentes contaminantes y hostiles al planeta.

Probablemente, el documental pueda o no ser bueno, poseer o no más apoyos científicos, o invitar a una cuestión peligrosa, como es esa relación entre descenso demográfico y descenso de los agentes contaminantes, que muchos puedan tomar perversamente, pero arroja un factor determinante a la cuestión ideológica que comentaba al inicio: no se trata de una transformación, de una reforma, del sistema capitalista; sino más bien de una crítica hacia el sistema capitalista y búsqueda de alternativas económicas, políticas, y filosóficas, que aboguen por un cambio radical de nuestras sociedades, para que no se constituyan en torno al crecimiento ilimitado capitalista. De poco ha servido el Green New Deal y su ambientalismo, sobre todo con el gran ejemplo que tenemos delante, como es esta crisis económica a través de una pandemia en la que vivimos. Si el sistema para, las evidencias del desgaste del planeta que causamos se hacen perceptibles: las aguas recobran cierta facultad cristalina, los animales salvajes ven cesar las hostilidades, incluso el tiempo meteorológico parece volver a funcionar de acuerdo a ritmos que ya estábamos olvidando, lejos de esos cambios estacionales bruscos, de un frío intenso a un calor insufrible y viceversa, en cuestión de pocos días.

El documental, al menos, se ha atrevido a infringir una norma básica fundada en la protección de la hegemonía, de aquellos que se hacen con el control de cualquier ideología, al cuestionar su propia utilidad práctica como instituciones; algo peligroso, por lo que ha pagado su precio. La cuestión central es preguntarnos sobre qué tipo de mundo queremos, y qué necesitamos realizar para conseguirlo. Pero toda decisión de esta índole conlleva un precio. No se trata de buscar colapsos, para así cesar en las emisiones, de desgastar bosques y montañas, sino más bien de evitarlos. A fin de cuentas, tirando de una frase un tanto trillada, no podemos seguir un crecimiento ilimitado en un planeta limitado. Aunque prefiero expresarlo del siguiente modo: es necesario poner un límite a nuestros actuales sistemas, nuestras actuales formas de vivir, producir y consumir, a poner un límite a nuestro planeta que conlleve el inevitable fin de toda vida, y su consecuente muerte. Quizá sea disparatado lo que propone este documental de Michael Moore, pero más disparatado me parece abrazar, por placer, una ausencia de futuro para el ser humano.

David Ruiz Rosa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: