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Diario de la decadencia (I)

Hoy, lluvioso lunes de marzo, la invasión rusa de Ucrania cumple 26 días. Los más de tres millones de ciudadanos que han abandonado el país como refugiados dejan atrás un presente en ruinas para afrontar un mañana oscuro. Como siempre.

Ésta es una guerra triste, cruel, como todas. Es una guerra. Como siempre, una guerra por el territorio, por los recursos, por la superioridad de unos sobres otros. Una guerra que ha precisado, como todas, de artefactos dialécticos, históricos y sentimentales, y de la inocente carne de cañón de la que se alimentan todas las guerras. Una guerra que, sin importar el bando, hará más ricos a los ricos y pobres a los que ya lo eran.

En la guerra mueren jóvenes militares y mueren jóvenes civiles. Mueren y mueren los pobres porque, en las guerras, los cañones siempre apuntan a personas y lugares comunes. Esta guerra, como todas las demás, destruirá guarderías, escuelas y hospitales; viviendas, teatros y cultivos.

La guerra es el fin de todo principio.

Miguel Ángel Laguna,

21 de marzo de 2022.

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